El deporte, en la sangre
De origen moldavo, Aliona llegó a España con tan sólo tres años y se estableció con su familia en Palafrugell, Cataluña, donde todavía hoy reside. Para entonces, la pequeña Ali no lo sabía, pero estaba destinada de una u otra manera a ser deportista profesional: tanto abuelos como padres habían sido deportistas de élite y los segundos, incluso, participantes olímpicos.
Empujada hacia el deporte, con siete años descubriría en el tenis cuál era su favorito. Se inició en el Club de Tenis Llafranc, donde pronto vieron que Aliona apuntaba maneras. Pasando a clubes más exigentes, en 2013 tomó dos importantes decisiones: integrarse en un centro de alto rendimiento y representar a España.
Un paso más que digno por el profesionalismo
Ganando su primer trofeo profesional en Lleida con 15 años, Ali fue becada en Estados Unidos y pasó por el tenis universitario. De vuelta a casa, siguió acumulando trofeos ITF y empezó a especializarse en dobles, disciplina en la que siempre realizó un gran papel con España, con un saldo positivo de 4-3 en la BJK Cup.
En 2019, debutó en un Grand Slam con el mejor resultado de su carrera: octavos de final en Roland Garros y su nombre a buen recaudo dentro del Top 100 por primera vez, con el puesto Nº88.
Ayer, Aliona nos decía adiós con un total de 9 títulos ITF en individuales, 16 en dobles y 5 WTA 125 también en dobles, además de dejar para el recuerdo grandes actuaciones con España, como la última vivida en Portoroz, donde junto a Sara Sorribes sumaron un punto vital: en ese momento todos supimos que la eliminatoria era nuestra.
Aliona, una distinta
Aunque ella misma ha reconocido que no quiere ser recordada como una suerte de díscola de nuestro tenis, la verdad es que Ali ha tratado de aportar también más allá de lo estrictamente tenístico, o hacerlo de manera diferente. Multitud de tatuajes, pelo muy corto y pantalón en lugar de minifalda han sido símbolos vehiculares de su implicación con la dignificación del papel de la mujer en el deporte.
Pero también ha mostrado siempre una visión más fría y crítica del profesionalismo, calificando al tenis como "ese novio o novia tóxicos", el exceso de presión del circuito en el día a día, o el egoísmo hacia el que te lleva, necesitando que todo gire en torno a ti sólo para mantenerse, al menos, competitiva.
Agradecida no obstante con el deporte que le dio todo, no es casualidad que se retire con todavía 28 años, por motivos que poco tienen que ver con el nive físico o tenístico, sino con ambiciones propias y con la tranquilidad de pensar que hay cosas igual o más importantes que su carrera tenística.
Por todo esto y más, ¡GRACIAS ALIONA!







