El club de los (aún) vírgenes de títulos: grandes jugadores del Top 100 sin un ATP en su vitrina

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El club de los (aún) vírgenes de títulos: grandes jugadores del Top 100 sin un ATP en su vitrina

Tenis

Publicado el: 8 oct 2025

Published on: 8 oct 2025

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En el circuito ATP hay un tipo de vacío que no llenan ni los puntos ni el dinero. Es el hueco que dejan las finales perdidas, los domingos sin trofeo, las fotos que no llegan. Un selecto —y doloroso— club de jugadores que, pese a haberse ganado un sitio entre los 100 mejores del mundo, nunca han ganado un título ATP. Algunos están al borde, otros parecen condenados a repetir el mismo guion.

Los casos más dolorosos: tan cerca y tan lejos

Alejandro Davidovich Fokina es, sin duda, el miembro honorífico del club. Finalista en Montecarlo 2022 tras derrotar a Djokovic, habitual en segundas semanas y semifinales importantes en casi todos los niveles, pero sin trofeo. Su tenis eléctrico y su carácter volcánico lo han mantenido siempre en el foco, aunque no en la foto final. Cuando su cabeza y su juego coincidan el mismo día de una final, el título caerá. Hasta entonces, seguirá siendo el eterno “casi”.

Tomás Etcheverry acumula también varios domingos de frustración. Finalista en Santiago, Houston, Lyon o Córdoba, el argentino ha estado a un set —o incluso a un par de puntos— de romper su maldición más de una vez. Su tenis sólido y su consistencia mental merecen más, pero su falta de agresividad en los momentos clave le ha costado caro. En un circuito que ya no regala nada, Etcheverry es el ejemplo perfecto de que el paso del “buen jugador” al “campeón” es mucho más ancho de lo que parece.

Arthur Rinderknech, por su parte, tiene el perfil del finalista recurrente que nunca cierra. Tres finales, tres derrotas, todas con el mismo guion: buen arranque, oportunidad de oro… y un bajón cuando huele la victoria. Potencia y actitud le sobran; la confianza, no tanto.

Daniel Altmaier también ha rozado la gloria. En 2023 y 2024 acumuló semifinales y finales, siempre con un nivel competitivo altísimo, siempre cayendo ante jugadores de su mismo escalón. Es otro ejemplo de lo cruel que puede ser el circuito medio: lo suficientemente bueno para llegar, pero no lo bastante implacable para rematar.

Promesas eternas, futuro en pausa

Entre los jugadores sin título hay dos realidades: los que ya tuvieron su oportunidad y los que todavía la esperan.

En el primer grupo aparecen nombres como Jaume Munar, sólido pero sin chispa para cerrar; Corentin Moutet, brillante y caótico a partes iguales; o Fabien Marozsán, capaz de ganar a Alcaraz en Roma pero aún sin sostenerlo durante una semana. También Matteo Arnaldi, Luca Nardi, Botic van de Zandschulp, Hamad Medjedovic, Learner Tien, Zizou Bergs, Arthur Cazaux, Aleksandar Kovacevic, Aleksandar Vukic, Valentin Royer o Mackenzie McDonald, todos con al menos una final o una semana grande en la que rozaron el título. En ellos, el problema no es el nivel: es esa media hora final donde se separan los buenos de los campeones.

Luego están los que aún no han tenido una oportunidad real de pelear por un trofeo. Ugo Carabelli, Atmane, Comesaña, Fearnley, De Jong, Navone, Emilio Nava, Kamil Majchrzak, Bellucci, Quinn, Halys, Walton, Collignon, Svrčina, Kopriva, Misolic, Schoolkate o Tirante.

Algunos han tenido chispazos en torneos menores; otros sobreviven entre el ATP y el Challenger sin llegar a consolidarse. Para muchos, el título no es una cuenta pendiente, sino un sueño remoto.

La diferencia entre ambos grupos es sutil pero decisiva: unos ya tuvieron su semana y la dejaron escapar; los otros aún buscan la suya, sin saber si llegará alguna vez.

El peso de la frontera invisible

Estar en el Top 100 sin un título no es un fracaso, pero sí una cicatriz mental. Son jugadores que saben que pueden ganar a cualquiera, pero no cuando todo depende de ellos. La diferencia entre el que levanta el trofeo y el que se queda mirando no suele ser táctica ni técnica, sino emocional. Y eso, en el tenis, pesa más que el talento.

Porque cada final perdida se acumula. Se convierte en lastre. Y llega un punto en el que ya no se juega por ganar, sino por no volver a perder.

Quién romperá el maleficio

A corto plazo, Etcheverry, Arnaldi y Marozsán parecen los mejores candidatos a salir del club. Davidovich, si logra domar su caos, tiene tenis para hacerlo incluso en un Masters 1000. Y no conviene descartar a Munar si alguna vez encuentra su semana perfecta.

Pero, por ahora, todos siguen esperando. Y el circuito no espera a nadie.

En el tenis hay victorias que se olvidan y derrotas que definen una carrera. Los miembros de este club lo saben bien: porque perder una final no duele por lo que quita, sino por lo que sigue sin dar.

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