En el tenis español los relevos de capitán suelen llegar con ruido. Esta vez no. López ya formaba parte del cuerpo técnico de Ferrer, conoce a los jugadores y sabe cómo funciona el vestuario del equipo. La federación no ha buscado un golpe de efecto, sino a alguien que lleva tiempo dentro. Para una selección que está cambiando de generación, es la mejor señal posible.
Un currículum hecho en el dobles
La primera objeción que se oye es que López nunca fue un jugador de individuales de primer nivel. Su carrera se construyó en el dobles, y ahí su palmarés no admite discusión: llegó a ser número 3 del mundo, ganó Roland Garros en 2016 con Feliciano López, las Finales ATP de 2012 con Marcel Granollers y el oro olímpico de Río con Rafa Nadal. Jugó, además, 13 eliminatorias de Copa Davis con España.
Después de colgar la raqueta pasó por el banquillo de Nadal, al que se incorporó en 2022 junto a Carlos Moyá y Francis Roig, y entrenó durante un tiempo a la italiana Jasmine Paolini. Sabe lo que es acompañar a un número uno y lo que es empezar de cero con una jugadora nueva.
Un capitán sin pasado de estrella en individuales necesita otro tipo de autoridad ante jugadores como Alcaraz. La de López viene del vestuario: ha compartido equipo con buena parte de los veteranos, trabajó a diario con Nadal en la recta final de su carrera y desde el año pasado se sienta en el banquillo junto a Ferrer. No llega como un desconocido, y eso, en una competición que se decide en una semana, ahorra mucho tiempo.
Por qué el dobles pesa más que nunca
Con el formato actual, las eliminatorias de la fase final se juegan a tres partidos: dos individuales y un dobles. Cuando los individuales acaban en empate, que es muy frecuente entre selecciones parejas, el dobles lo decide todo. España lo comprobó el año pasado en Bolonia. Sin Carlos Alcaraz, lesionado, el equipo de Ferrer ganó los cuartos ante la República Checa y las semifinales ante Alemania por 2-1, y en los dos casos el punto decisivo fue el de Granollers y Pedro Martínez: 7-6 y 7-6 a Jakub Mensik y Tomas Machac, y 6-2, 3-6 y 6-3 a Kevin Krawietz y Tim Pütz.
La final se perdió 2-0 ante Italia, sin llegar al dobles. Pero el camino hasta ella demuestra que en la Davis actual el tercer punto no es un trámite. Elegir como capitán a uno de los mejores doblistas que ha dado el país tiene, por tanto, bastante más lógica de lo que sugiere su currículum en individuales.
El verdadero examen: el relevo de Granollers
El principal reto de López no estará en la gestión de Alcaraz ni de Rafael Jódar, que con 23 y 20 años son el presente y el futuro inmediato del equipo. Estará en el dobles. Granollers cumplió 40 años en abril y sigue en la élite: esta temporada se ha clasificado otra vez para las Finales ATP con Horacio Zeballos. Pero ningún doblista es eterno, y España necesita una pareja de garantías para cuando él no esté.
Encontrarla, formarla y darle partidos juntos es un trabajo de años, y ahí la experiencia de López es difícil de igualar. Pocos en el tenis español conocen mejor que él cómo se construye una pareja ganadora: formó varias, y con dos de ellas ganó títulos grandes.
Lo que hereda
López recibe un equipo en buena forma. Ferrer, capitán desde diciembre de 2022, cuando relevó a Sergi Bruguera, llevó a España a la final del año pasado sin su mejor jugador y la ha vuelto a clasificar para la Final 8 de este noviembre, que se juega en Bolonia del 24 al 29. España debutará en cuartos ante Austria, como contamos en la previa de la convocatoria.
Si Ferrer se despide con la séptima Ensaladera, el listón quedará muy alto. Pero, más allá de cómo salga Bolonia, el relevo está bien planteado: ni ruptura ni experimentos, y con un perfil que encaja con lo que de verdad decide hoy las eliminatorias. Habrá que juzgarle por los resultados a partir de 2027. De momento, la elección invita al optimismo.
Foto: Rwjabour / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).
Fuentes: ATP Tour, Punto de Break, Punto de Break (dobles ante Chequia, 2025), Soccerway, ESPN (equipo de Nadal, 2022).





