Jódar, el competidor total
Lo de Rafa Jódar, todavía adolescente, mostró una mezcla impropia de su edad: defensa sólida, lectura táctica y una calma competitiva que recordó por momentos al tenis español más clásico, pero con recursos mucho más modernos.
Su torneo terminó en cuartos frente a Luciano Darderi, aunque el resultado cuenta solo una parte de la historia. El partido arrancó tarde por la lluvia, se interrumpió por el humo y los fuegos artificiales procedentes de la final de la Coppa Italia de fútbol, disputada a escasos metros del recinto, y acabó rozando las dos de la madrugada. Un caos romano absoluto.
En medio de ese escenario, Jódar resistió. Perdió el primer set en un tie-break que parecía sentenciado, salvó bolas de partido, forzó una tercera manga y llevó al límite a un Darderi impulsado por toda la grada italiana. El 6-0 final del tercer set no refleja el desgaste físico y mental de un encuentro de más de tres horas donde el español volvió a demostrar que compite cada punto como si fuese el último.
Lo importante no fue únicamente llegar a cuartos. Fue la sensación que dejó: Jódar ya no parece un jugador junior sobreviviendo en el circuito ATP. Parece alguien preparado para quedarse.
Landaluce ya golpea como un top mundial
Si Jódar transmitió madurez, Landaluce transmitió techo. Porque el torneo de Martín Landaluce tuvo algo más ambicioso: durante muchos minutos hizo creer que podía eliminar a Daniil Medvedev en unos cuartos de final de Masters 1000. Y no desde la resistencia, sino desde el dominio.
El madrileño destrozó al ruso en el primer set con un tenis agresivo, profundo y valiente. Medvedev pasó de parecer favorito claro a verse atrapado en un partido incómodo, acelerado y emocionalmente peligroso. Al final, la experiencia del ex número uno mundial pesó más. El partido terminó 1-6, 6-4 y 7-5, pero Landaluce salió reforzado. Salvó bolas de partido, sostuvo el intercambio físico y obligó a Medvedev a jugar uno de sus encuentros más complejos del torneo.
El dato explica la dimensión de lo ocurrido: Landaluce llegó al cuadro principal como lucky loser y acabó discutiendo de tú a tú unos cuartos de Masters 1000 ante un campeón de Grand Slam.
Y lo hizo dejando una impresión muy concreta: tiene armas para jugar agresivo en cualquier superficie y contra cualquier rival.
El relevo español ya no parece lejano
Durante años, el tenis español vivió instalado en la pregunta imposible: “¿qué pasará después de Nadal?”. La aparición de Alcaraz cambió la conversación, pero Roma ha abierto otra vía todavía más interesante. Porque por primera vez en mucho tiempo España no parece depender de un solo nombre.
Jódar y Landaluce representan perfiles distintos y complementarios. Uno parece construido desde la competición y el orden; el otro, desde el talento explosivo y la agresividad. Pero ambos comparten algo fundamental: personalidad para competir en escenarios grandes.
Roma no les dio un título. Les dio algo más importante: legitimidad dentro del circuito. Ahora ya no son únicamente jóvenes promesas españolas. Ahora son jugadores que empiezan a molestar de verdad a la élite.






