El privilegio futbolístico y la exclusión tenística
La disparidad es sangrante. El mercado de retransmisiones en España está blindado por plataformas de suscripción, con un 63% de los hogares pagando por ver deporte. Sin embargo, el fútbol ha sabido mantener un pie en la puerta de la gratuidad. Gracias a las sublicencias de Mediapro, siempre hay al menos un partido de Primera División por jornada que se puede ver en canales como TEN o Gol Stadium, además de los acuerdos con cadenas autonómicas.
En el tenis, la realidad es un desierto. Wimbledon, Roland Garros, US Open y Open de Australia son hoy exclusivos de plataformas de pago en España. La ley solo protege "eventos de interés general", lo que en la práctica para el tenis se ha reducido históricamente a las semifinales o finales de Roland Garros cuando hay presencia española, y la Copa Davis. Fuera de eso, si quieres ver a Alcaraz pelear por un Grand Slam, o pagas, o te conformas con el resumen de las noticias.
La paradoja del interés general: ¿Solo nos gusta el fútbol?
El argumento suele ser la audiencia, pero los datos cuentan una historia de exclusión dirigida. Es cierto que el fútbol monopoliza los rankings: en la temporada 2024-2025, 24 de los 25 programas más vistos en TV de pago fueron fútbol. Pero hay un detalle que los programadores parecen ignorar: la única excepción en esa lista, el único intruso que logró romper el monólogo del balón, fue la final de Roland Garros con Carlos Alcaraz.
Esto demuestra que el interés existe, pero el tenis en abierto se ha limitado a excepciones de torneos locales como el Mutua Madrid Open o el Barcelona Open. El resto del circuito profesional ha "emigrado al pago" a medida que los derechos subían de precio, dejando a la televisión pública, que históricamente emitía grandes finales como la de Nadal en el Roland Garros en 2017, en fuera de juego.
Una comparativa que duele
Mientras en España nos resignamos a que el tenis sea un lujo, otros países protegen su patrimonio deportivo con más celo. En el Reino Unido, Wimbledon se emite íntegramente gratis a través de la BBC. En Francia, la cadena pública France Télévisions cubre Roland Garros durante toda la primera semana antes de compartirlo con plataformas de streaming.
En España, en cambio, hemos decidido que el tenis profesional debe estar “encerrado” en suscripciones. Ni siquiera el hecho de tener a los mejores jugadores del mundo parece suficiente para que la TV pública pelee por más derechos que los estrictamente obligatorios.
Un deporte de élite en una vitrina cerrada
Es irónico que, en la era de la democratización del contenido, el tenis sea cada vez menos accesible. Plataformas como Netflix ya entran en el juego comprando torneos de exhibición como el "Six Kings Slam", y gigantes como Amazon Prime Video o Disney+ siguen acaparando derechos.
El fútbol conserva sus privilegios en abierto no solo por ley, sino por una estructura de sublicencias que el tenis no ha sabido o no ha podido replicar. Al final del día, estamos permitiendo que un deporte que nos ha dado más alegrías que casi cualquier otro se convierta en un contenido invisible para el gran público. Si no protegemos el acceso al tenis en la televisión pública, corremos el riesgo de que las futuras generaciones nunca lleguen a ver un partido porque, sencillamente, sus padres no tenían la suscripción correcta.







