Una final de ajustes
Djokovic comenzó imponiendo su ritmo. Su primer servicio fue efectivo desde el inicio, con un alto porcentaje de aciertos, y sus golpes profundos desde el fondo le permitieron dominar el primer set. Alcaraz tuvo que defender la mayor parte de los puntos y tardó en encontrar posiciones cómodas desde donde construir sus ataques. A pesar de ceder ese set inicial, ya mostraba señales de adaptación que se harían más visibles en las siguientes mangas.
El giro a partir del segundo set
El segundo set fue el punto de inflexión. Alcaraz mejoró su efectividad con el primer servicio y logró ganar más puntos con la bola inicial, lo que le permitió sostener los intercambios largos y reducir los errores no forzados. Trabajó con consistencia sobre el revés de Djokovic, enviando bolas más profundas y altas que obligaron al serbio a golpear desde posiciones menos cómodas. La derecha de Alcaraz se convirtió en un recurso fiable para abrir la pista y tomar la iniciativa, mientras que los intercambios largos empezaban a inclinarse a su favor. Djokovic, que había estado sólido en los primeros juegos, comenzó a perder algo de precisión cuando se vio forzado a desplazarse y a jugar desde ángulos incómodos.
En el tercer set, Alcaraz consolidó su control. Cada punto ganado desde el fondo se construyó con paciencia, y su porcentaje de puntos ganados al resto aumentó. Su revés mostró mayor estabilidad y le permitió sostener los intercambios largos sin cometer errores innecesarios. Djokovic seguía intentando subir a la red y tomar la iniciativa, pero los passings de Alcaraz, bien medidos y ejecutados en los momentos clave, neutralizaron los ataques del serbio y le impidieron recuperar ventaja.
El cuarto set se definió por la combinación de consistencia y precisión. El break clave llegó tras un intercambio largo en el que Alcaraz mantuvo la bola profunda y forzó un error desde el revés de Djokovic. A partir de ahí, gestionó bien los juegos finales, manteniendo un nivel constante con el servicio y evitando riesgos innecesarios. Los puntos que marcaron la diferencia no fueron golpes espectaculares, sino decisiones acertadas, regularidad en el fondo de pista y lectura del rival.
¿La final con más relevancia de cara al futuro deportivo de Alcaraz?
La final del Open de Australia se resolvió por constancia, ajustes tácticos y gestión de los momentos clave. Alcaraz creció con el partido, encontró soluciones en los intercambios y demostró que puede sostener su rendimiento frente a rivales de primer nivel en cualquier situación. Más allá del marcador, la victoria refleja su capacidad para combinar consistencia y precisión, cerrando un torneo que completa un paso importante en su trayectoria profesional.
Esta final también modifica el cara a cara entre Alcaraz y Djokovic, que tras este partido queda equilibrado. Ambos han ganado encuentros importantes en torneos grandes, y cada enfrentamiento presenta matices distintos. En Melbourne, la diferencia se notó en la gestión de los momentos críticos: Alcaraz supo mantener su nivel en los juegos importantes, mientras que Djokovic tuvo errores no forzados en momentos clave, especialmente en el cuarto set, que terminaron decidiendo el partido.
Un título que supone un Career Grand Slam histórico
Más allá del resultado de este partido, la victoria completa el Career Grand Slam de Alcaraz, convirtiéndose en el jugador más joven en conseguirlo. Este título era la única pieza que le faltaba en su palmarés y refuerza su capacidad para adaptarse a distintas superficies y estilos de juego. A lo largo de su carrera, ha demostrado una progresión constante: combina su potencia natural con una gestión de los puntos más madura y una lectura más eficiente del partido.






