Una final de alternativas y resiliencia
El encuentro comenzó con una Rybakina magnética, que logró una ruptura temprana para llevarse la primera manga apoyada en su impecable servicio. Sin embargo, la narrativa cambió en el segundo set cuando Sabalenka ajustó sus restos profundos para igualar el marcador.
El momento crítico llegó en el set definitivo: Sabalenka se colocó con una ventaja de 3-0, pareciendo tener el título en sus manos, pero sufrió una desconexión mental que Rybakina aprovechó con una frialdad asombrosa para encadenar cuatro juegos seguidos. La kazaja demostró que su capacidad de reacción es digna de una número uno.
Duelo de pegadoras: Las estadísticas del éxito
Ambas jugadoras llegaron a la final sin haber cedido un solo set en todo el torneo, un hito que no se veía en un grande desde Wimbledon 2008 con las hermanas Williams. En el cara a cara estadístico, Rybakina marcó la diferencia donde más duele:
Aces y servicio: Rybakina cerró el partido con un 'ace', su gran especialidad, acumulando el récord absoluto del torneo con más de 41 saques directos.
Puntos de 'break': Mientras Sabalenka solo aprovechó el 25% de sus oportunidades, la kazaja fue mucho más efectiva con un 60% de éxito en momentos de presión.
Efectividad en la red: Curiosamente, Sabalenka ganó el 100% de sus puntos en la red, frente al 50% de su rival, pero esto no fue suficiente para compensar sus errores no forzados en el fondo de la pista.
El factor psicológico: De la frustración a la gloria
Sabalenka mostró una frustración creciente, llegando a tirarse la toalla a la cabeza tras perder su tercera final consecutiva en un Grand Slam. Con un tono irónico y resignado, la bielorrusa agradeció a su equipo "por disfrutar viendo cómo pierdo".
Por el contrario, Rybakina mantuvo su habitual perfil bajo, incluso tras ganar el punto de campeonato. En su discurso, destacó el nivel de su rival y agradeció el apoyo de la federación de Kazajistán, entre otros agradecimientos.
Impacto en el ranking y premios económicos
Con esta victoria, Rybakina escala hasta la tercera posición del ranking WTA, consolidando lo que muchos analistas ya denominan como el nuevo "Big Three femenino" junto a Sabalenka e Iga Swiatek. En el plano financiero, la kazaja se embolsa un premio de 4.150.000 dólares australianos (aproximadamente 2,4 millones de euros), el mayor cheque de la historia del torneo, mientras que Sabalenka recibirá 1,3 millones de euros como subcampeona.
Esta final deja claro que, aunque Sabalenka sigue siendo la mejor del circuito -al menos según el ranking-, Rybakina ha encontrado el antídoto para su potencia, convirtiéndose en la jugadora con mejor porcentaje de victorias sobre números uno de la historia. El tenis femenino tiene una nueva e inesperada campeona en Melbourne.







