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Carlos Alcaraz, un marciano con pasaporte español

Publicado el: 30 ene 2026

Published on: 30 ene 2026

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Bajo el techo del Rod Laver Arena no se jugó un partido: se presenció una anomalía. Carlos Alcaraz sobrevivió a su cuerpo, a la lógica y a más de cinco horas de tortura para tumbar a Zverev en una semifinal inhumana del Abierto de Australia, ganada no con la raqueta, sino con la cabeza. Cuando todo indicaba que debía caer, apareció algo distinto, inexplicable: un marciano con pasaporte español.

Una advertencia en la noche de Melbourne

Esto no empezó como un partido; empezó como una advertencia. Semifinales del Abierto de Australia, tarde espesa, y Alcaraz golpeando la bola como quien quiere romper el reloj. Primer set: 6-4. Ochenta por ciento de primeros saques, tres aces, iniciativa total. Zverev estaba delante, sí, pero ya jugaba cuesta arriba, atrapado en el ritmo del español.

El segundo set fue el primer incendio serio. Zverev subió el volumen, rompió y se puso 5-2. Parecía el momento lógico del alemán, el instante en el que el partido debía ordenarse. No ocurrió. Alcaraz devolvió el break, forzó el tie break y lo ganó 7-5. Alcaraz no pretendía soltar esto.

El físico de Carlos al límite

Fue entonces cuando el cuerpo del murciano empezó a fallar. En el tercer set, Alcaraz vomitó en pista y llegaron los calambres, el tenis se volvió crudo. Zverev, exhausto mentalmente después de la segunda manga, estalló al ver un tiempo médico para el español que no está permitido. Tenía razón, pero ya no controlaba nada.

Recuperó la compostura y se llevó el gato al agua en el tie break. Ganó también el cuarto en el juego de desempate. Dos sets dramáticos, al límite, jugando como nunca había jugado y aprovechando ciertas concesiones de un Alcaraz sufridor.

Ganar cuando ya no queda nada

El quinto set fue directamente inhumano. Más de cinco horas encima, las piernas muertas, la cabeza saturada. Zverev se puso 5-3 y sacó para el partido, ahí mueren casi todos, pero Alcaraz parece no ser humano. Rompió de manera impresionante y volvió a respirar. Comenzó a resurgir y encontró su mejor tenis cuando ya casi no quedaba cuerpo, 7-5. Epílogo brutal para el tercer partido más largo de la historia del torneo.

Un partido de tenis convertido en batalla mental

Lo decisivo no estuvo en la raqueta, sino en la cabeza. La mentalidad y madurez que está demostrando Alcaraz estas dos semanas es de otro planeta. El tenis se decide por detalles microscópicos: una bola más alta, una elección valiente, no parpadear cuando todo duele. Alcaraz no dejó de creer, ni un segundo.

Emocionante verlos a los dos. Alcaraz, por la épica y por esa escuela española que no entiende la retirada como opción. Zverev, porque esta debe de ser la derrota más dura de su carrera: el mejor partido de su vida, perdido contra algo inexplicable: un marciano con pasaporte español. El alemán jugó casi perfecto. No basta un casi cuando se trata de competirle a Carlos.

Esta es la octava final de Grand Slam para Alcaraz. Ahora va a por lo imposible: ser el más joven en completar el Career Slam.

Viva el tenis y el Método Blessed Hands.