El eterno aspirante
Con 28 años y más de 20 títulos ATP, Zverev ha demostrado de sobra que sabe ganar. Ha conquistado Masters 1000, ha reinado en las Nitto Finals y se ha mantenido en la élite durante una década. Pero los grandes torneos, esos que definen carreras, siguen resistiéndosele.
Tres finales y tres derrotas resumen su relación con los majors. La primera, la más dolorosa, fue el US Open 2020: dos sets arriba ante Dominic Thiem y saque para campeonato. Lo que siguió fue un colapso emocional en directo, una derrota que todavía lo persigue.
En Roland Garros 2024, después de una trayectoria sólida sobre tierra, volvió a quedarse corto en la final frente a Carlos Alcaraz, que le remontó con autoridad.
Y por si el destino necesitara insistir, Australia 2025 repitió el guion: Zverev compitió, estuvo cerca… y Sinner lo desbordó en el momento decisivo. Como también le ocurrió de nuevo hace unos días en las semifinales del propio Australia Open ante un acalambrado Alcaraz, donde se vio muy cerca de volver a la final, tan cerca que parece que le llegó a dar vértigo.
Entre medias, hubo otro episodio que pudo cambiarlo todo: Roland Garros 2022. En semifinales ante Nadal, el alemán estaba jugando quizá el mejor partido de su carrera, punto a punto, de igual a igual. Hasta que una torcedura de tobillo tan cruel como inoportuna lo dejó fuera de combate. Esa lesión no solo le apartó del torneo —con Ruud esperando en la final, un rival más asequible—, sino que frenó en seco la inercia de un jugador que parecía, por fin, listo para dar el salto.
Entre el talento y el bloqueo
Zverev posee uno de los juegos más completos del circuito: servicio dominante, potencia desde el fondo y una movilidad impropia de su altura. Pero el tenis no se gana con recursos, sino con nervios de acero. Y ahí es donde el alemán se ha quedado corto. En los momentos clave, el pulso le tiembla, salen los cabreos, las dobles faltas aparecen y la confianza se evapora. Muchos hablan de un problema mental a la hora de afrontar partidos. No es falta de nivel, sino de colmillo.
Toni Nadal: "Zverev es un rival peligroso pero tiene un problema en lo mental…tiene mucha presión por ganar un Grand Slam"
Mientras tanto, el contexto se ha vuelto despiadado. Djokovic sigue ganando y dando muy buen nivel con 38 años, y Alcaraz y Sinner ya no son el futuro: son el presente. El relevo que debía liderar Zverev se le ha escapado de las manos. El margen se estrecha y el reloj avanza.
¿Todavía hay tiempo?
Sí, pero cada vez menos. Zverev tiene tenis de sobra para ganar un Grand Slam. Lo que no ha demostrado aún es tener el instinto para cerrarlo. Quizá su problema no sea no haber ganado uno, sino haber tenido tantas oportunidades y ver cómo todas se le escapan.
¿Ganará un Grand Slam alguna vez? Tal vez. Pero, a estas alturas, la pregunta importa más que la respuesta. Porque lo verdaderamente trágico no es perder una final, sino acostumbrarse a hacerlo.







